REVIEW – AMERICAN POWER POP 1 (1975-78)

Desde que los “melómanos” y “coleccionistas” perdieron el control del acceso a los discos y canciones –ni hablar de la “industria”– la profundidad y resultado de las búsqueda

s musicales alcanzan niveles extraordinarios.Guiándose por bandas indie-mainstream (que al menos escapaban del estandar simplón radial) de Pitchfork o Rockdeluxe y con algo de habilidad en motores de busquedas y 2p2 se podía pasar a universos completos como la escena del C-86, el jangle inglés, Sarah Records, el sello Labrador o el power pop. Precisamente este género, cultivado sobre todo en Estados Unidos a fines de los setentas y que fue masificado por Blondie, The Cars, Replacements, My Teenage Fan Club (en UK) o Weezer (que lanzan nuevo disco). El American Power Pop 1 es una compilación maravillosa de bandas que transitan entre el punk y el pop de los sesentas, con guitarras hard rock y una carga emocional que convierte a canciones como “I am the cosmos” (Chris Bell) o “The summer sun” (Chris Stamey) en melancólicas postales del fin de la adolescencia. También hay muchos arpegios a lo Byrds procesados por Big Star en “Shake some action”, el himno a la impaciencia de los Flamin´ Groovies, sorprendentes versiones originales de “Hanging on the telephone” (The Nerves, que luego haría Blondie) y, sin detener el disco en ningún momento, se puede descubrir el ADN del sonido college en los teclados de The Diodes, la tristeza pop de Fotomaker (incluído un guiño a los Wings de McCartney) o las guitarras fuertes de The Scrufts. El disco funciona como puerta de acceso a una escena que podría ser el eslabón perdido entre el pop de los sesentas y el punk con la escena independiente de fanzines y sellos independientes en Inglaterra, tal vez como respuesta a estas bandas que seguían empeñadas en hacer una canción que te hiciera sentir que al fin, estabas haciendo un gol en un partido de la selección.

“Iam the cosmos” y otros tristes éxitos pop acá.

Apuntes sobre el C-86

Uno.

Es difícil que la clave “C-86” abra alguna puerta. Ante la “crisis” universal del disco, la constante devaluación y actualización de los estilos (retrorock, new rave (!!!), soul a la Motown) y la definitiva primacía del “hype” sobre el estribillo (Arctic Monkeys y los myspace wonders que aparecieron desde el mes siguiente); es bien difícil que la ética y estética del pop underground inglés se masifique

Para algunos, es mejor así, que las bandas como St. Christopher, The Clean o The Softies continúen refugiadas en las carpetas de soulseek al lado de Amelia Fletcher, The Wild Swans o los singles de Sarah Records. “El otro” -el no melómano, digamos- deberá ser castigado no conocer esta música, dicen con furia de telepredicador

Sin embargo, esperemos que algún giro sorpresivo pueda posicionar al “indie del indie” representado por el “C-86″ y desordenar la escena entre mainstream y alternativa, última mutación de una industria que nos desacostumbró a las canciones gloriosas.

El problema es que el jangle, twee, C-86 al no parodiar nada, no puede resignificar a esa “música que escuchan todos” y reemplazarla con sus descargas de belleza, estribillos y política. O tal vez si.

Dos.

El C-86, sabemos, era un cassette que se regalaba por correo a los lectores de la New Musical Express. Era la secuela del muy post-punk C-81. El título era la abreviación de los cassettes de grabación dependiendo de la duración de la cinta (C-30, c-60, c-90).

La compilación, se dividía entre el ruidoso punk DIY (The Mighty Lemon Drops, The Soup Dragons, The Wolfhounds), el anárquico pop cubista (The Mckenzies, Stump, Age of Changes) y jangle/twee pop (The Bodines, The Pastels, Mc Carthy, Mighty Mighty y los impresionantes The Wedding Present haciendo “This boy can`t wait”. Y claro, el emblemático “Velocity Girl” de unos jovencísimos Primal Scream.

Estas canciones no tenían nada que ver con el pop de sintetizadores o el heavy metal que sonaba en la radio, aunque se acercaba bastante a la sensibilidad de los Smiths y Housemartins. Esto incluía no sólo la forma de modular o el sonido de estudio, sino también con el frenético rasgueo de la guitarra, característica básica del pop underground inglés.

Tres.

Es significativo que las bandas más melódicas y “pop” hayan terminando asociándose a este disco, a diferencia de Half Man Half Biscuit o el post-punk de The Mckenzies, de estructuras bastante más violentas. De hecho, la idea de esta compilación era entregar una visión panorámica de la escena independiente de fanzines, anoraks, política, punk y estribillos a lo Phil Spector.

A pesar de las referencias un tanto beatas y bobaliconas, el indiepop a-la-C-86 es la cristalización del pop como respuesta a la opresión del gobierno de Tatcher. En lugar de la furia skin a lo “This is England” o el no-future de “Trainspotting“, acá la sensibilidad se convierte en arma peligrosa si está procesada por las guitarras de los Byrds, el ruido ramonero, las muralles de sonido de Spector, las viejas bandas beat y motown y la libertad dejada por el pust punk (estilo llamado por el crítico Simon Reynolds como “la revolución incompleta”.

Por eso es importante el C-86, porque es un testimonio del momento en que las canciones aun salvaban vidas.

Links e info de wikipedia aquí

Buena información del C-86 en español acá

Myspace

LA MUSICA QUE NO ESCUCHAN TODOS

Este es algo así como mi himno nacional

http://www.theclerisy.net/skatterbrain/04_Sensitive.mp3

001. AQUEL AÑO MAYO DURO DOCE MESES

 

Terminé de ver Pierrot Le Fou de Godard. La vital desestructuración de los relatos sesenteros me intriga. Como si la naciente contracultura pop -“Nouvelle Vague”, Dylan, “Invasión británica”, “Boom latinoamericano”, Warhol- fuera el transbordo para los que se querían bajar de la micro, como decía el famoso rayado de Mayo del 68. Paul Weller dice acá, que basta ver una sola foto de los sesentas para entenderlo todo.

MARZO.

Está bueno el template.

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