Uno.
Es difícil que la clave “C-86” abra alguna puerta. Ante la “crisis” universal del disco, la constante devaluación y actualización de los estilos (retrorock, new rave (!!!), soul a la Motown) y la definitiva primacía del “hype” sobre el estribillo (Arctic Monkeys y los myspace wonders que aparecieron desde el mes siguiente); es bien difícil que la ética y estética del pop underground inglés se masifique
Para algunos, es mejor así, que las bandas como St. Christopher, The Clean o The Softies continúen refugiadas en las carpetas de soulseek al lado de Amelia Fletcher, The Wild Swans o los singles de Sarah Records. “El otro” -el no melómano, digamos- deberá ser castigado no conocer esta música, dicen con furia de telepredicador
Sin embargo, esperemos que algún giro sorpresivo pueda posicionar al “indie del indie” representado por el “C-86″ y desordenar la escena entre mainstream y alternativa, última mutación de una industria que nos desacostumbró a las canciones gloriosas.
El problema es que el jangle, twee, C-86 al no parodiar nada, no puede resignificar a esa “música que escuchan todos” y reemplazarla con sus descargas de belleza, estribillos y política. O tal vez si.
Dos.
El C-86, sabemos, era un cassette que se regalaba por correo a los lectores de la New Musical Express. Era la secuela del muy post-punk C-81. El título era la abreviación de los cassettes de grabación dependiendo de la duración de la cinta (C-30, c-60, c-90).
La compilación, se dividía entre el ruidoso punk DIY (The Mighty Lemon Drops, The Soup Dragons, The Wolfhounds), el anárquico pop cubista (The Mckenzies, Stump, Age of Changes) y jangle/twee pop (The Bodines, The Pastels, Mc Carthy, Mighty Mighty y los impresionantes The Wedding Present haciendo “This boy can`t wait”. Y claro, el emblemático “Velocity Girl” de unos jovencísimos Primal Scream.
Estas canciones no tenían nada que ver con el pop de sintetizadores o el heavy metal que sonaba en la radio, aunque se acercaba bastante a la sensibilidad de los Smiths y Housemartins. Esto incluía no sólo la forma de modular o el sonido de estudio, sino también con el frenético rasgueo de la guitarra, característica básica del pop underground inglés.
Tres.
Es significativo que las bandas más melódicas y “pop” hayan terminando asociándose a este disco, a diferencia de Half Man Half Biscuit o el post-punk de The Mckenzies, de estructuras bastante más violentas. De hecho, la idea de esta compilación era entregar una visión panorámica de la escena independiente de fanzines, anoraks, política, punk y estribillos a lo Phil Spector.
A pesar de las referencias un tanto beatas y bobaliconas, el indiepop a-la-C-86 es la cristalización del pop como respuesta a la opresión del gobierno de Tatcher. En lugar de la furia skin a lo “This is England” o el no-future de “Trainspotting“, acá la sensibilidad se convierte en arma peligrosa si está procesada por las guitarras de los Byrds, el ruido ramonero, las muralles de sonido de Spector, las viejas bandas beat y motown y la libertad dejada por el pust punk (estilo llamado por el crítico Simon Reynolds como “la revolución incompleta”.
Por eso es importante el C-86, porque es un testimonio del momento en que las canciones aun salvaban vidas.
Links e info de wikipedia aquí
Buena información del C-86 en español acá

